Trabajar después de los 65 años

Imagen: Karlyukav en Magnific
La ocupación laboral puede ser una buena opción para mantener la mente ocupada, a partir de los 65 años. Un trabajador jubilado no tiene por qué renunciar a seguir trabajando. Esto puede hacerse en régimen de autónomo, y a la vez la persona puede cobrar una parte de la pensión, hasta el 25 % del sueldo conseguido para ese fin.
Algunos mayores siguen trabajando porque es una edad idónea para exportar la experiencia conseguida a través de los años. Es el caso de Emiliano, un carpintero metálico que ahora se dedica a hacer figuras artesanales en su taller personal, y esas figuras decorativas las envía a toda España, con la ayuda de su hija. Sigue consiguiendo una fuente de ingresos añadida a la pensión, aunque como es lógico no pueda cobrarla entera. Puede ser mejor el hecho de seguir con la idea de que todavía quedan argumentos para ofrecer.
Según las leyes una persona mayor de 65 puede permanecer activa laboralmente sin ser autónoma o sin cotizar de ninguna forma. Y esta es una opción muy válida si los ingresos no son demasiado elevados. Por ejemplo en caso de talleres o empresas privadas, como el caso anterior.
Incluso sin ser autónomo también podría darse el caso, trabajando por cuenta ajena y cobrando a la vez el 50 % de la pensión de jubilación, o el 100 % si hay un trabajador contratado. Esto se suele dar mucho como continuidad a una ocupación efectuada en buena parte de la vida, porque ellos sienten que pueden seguir aportando. Hemos conocido a profesores que han querido seguir dando clase en instituto o en universidad, al menos dos o tres años más, por estar a gusto en el oficio.
Resulta razonable pensar en que la pasión por una profesión engancha. Los años pueden otorgar el temple necesario para no repetir los errores que se suelen cometer cuando una persona es más joven y empieza a trabajar, encontrándose a partir de los 65 años con la tranquilidad añorada.